
A principios de junio del corriente año, IAM Venezuela se acercó al conocido parque recreacional que, en pocos meses arribará a su primer centenario. Este espacio, uno de los pulmones vegetales de la capital, ha sido varias veces remodelado y refaccionado, pero en nuestra visita, pudimos constatar algunos problemas de basura y el uso de indigentes que pernoctan en él. Por ello, hacemos esta alerta para que no se dañe la integridad del recinto y para la seguridad de sus usuarios.
En ocasión de celebrarse el primer centenario de la Batalla de Ayacucho en 1924, y durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, fue ordenado al MOP la construcción de un parque recreacional para Caracas. «En los terrenos de la hacienda La Guia y La Industria, propiedad de la familia Mosquera -plantaciones cafetaleras en las que fueron sembrados unos árboles caobos que aún se conservan-» (1), se levantaron los cimientos del que se llamaría Parque Sucre, aunque la población siempre lo identificó por el nombre de los ya también centenarios árboles traídos desde República Dominicana. Aquí, bajo la sombra de distintas especies vegetales, por caminerías pavimentadas, fuentes, esculturas y jardines amplios, los caraqueños encuentran un remanso de paz y verdor en el medio de la bullente ciudad -ya que corren paralelamente a su área, importantes vías de tránsito como la autopista Francisco Fajardo (Gran Cacique Guaicaipuro, Jefe de Jefes), el Paseo Colón, la Av. Libertador y el Blvr. Amador Bendayán-.
Nombre: Parque Sucre Los Caobos (Parque Los Caobos) y colección de obras que alberga.
Autores: Proyecto inicial del MOP, posteriormente rediseñado por los arquitectos José Miguel Galia y Susana Kovacs. Las obras escultóricas pertenecen a distintos artistas venezolanos.
Fecha: El parque fue decretado en 1924 e inaugurado el 9 de diciembre de 1925. Tras su remodelación, su actual construcción data de 1959 -1969.
Tipo de patrimonio cultural: Tangibles / el parque es inmueble y muebles, la colección de obras escultóricas en su interior.
Administrador custodio o responsable: Instituto Nacional de Parques (Inparques), Alcaldía del municipio Libertador -la infraestructura del parque-, Fundación Museos Nacionales -las obras artísticas que alberga-.
Historia
Estos terrenos pasaron por sucesivas familias y sirvieron para distintos cultivos, antes de convertirse en el actual parque recreacional que, junto al Jardín Botánico, sirve de pulmón a la ciudad de Caracas. Quedó documentado que «en 1810 era una hacienda cacaotera administrada por unos franceses que la abandonaron posteriormente. Dos años más tarde, las tropas realistas pasaron a ocupar la plantación siendo su dueño Gerardo Patrullo, quien realizó algunos cambios e incluso izó en el centro de la hacienda la bandera de España. Luego, cuando se libró la batalla de Carabobo, Patrullo huyó, y los familiares de Ambrosio Plaza, quien murió en batalla, pasaron a ser los propietarios por orden del entonces Presidente José Antonio Páez. (…) Para 1865 estaba en ruinas esa hacienda y es así que vendieron el terreno por diez mil pesos a los hermanos Bernardino y José Antonio Mosquera (quienes) la convertirán en hacienda de café y para la conveniente sombra protectora los nuevos dueños se encargaron de sembrar caobos traídos de Santo Domingo. (…) Al morir los propietarios, sus herederos decidieron vender el terreno a un consorcio extranjero para hacer allí una urbanización; sin embargo, en 1925, el general Juan Vicente Gómez para evitar que fueran talados sus árboles, expropió la hacienda por cuatrocientos mil bolívares y la transformó en “Parque Sucre”, en homenaje al Gran Mariscal Antonio José de Sucre, el recordado y ejemplar Mariscal de Ayacucho” a los 101 años de la conmemoración de la decisiva batalla con la que se selló la independencia de Perú y se puso fin al dominio español en América del Sur» (2).
El área estaba dividida por una vía que luego sería pavimentada en 1933 (prolongación de la avenida Este 4 y luego, de la avenida México) que comunicaba el centro de la ciudad con la siguiente población, Sabana Grande. «La adornan neoclásicos copones (de) mampostería sobre pedestales, antecesores de los que vendrán en los años cincuenta para el Paseo de los Precursores. Al norte, una pequeña acequia se divisa bordeando sinuosamente la cornisa de estrechas casas Art Nouveau que cada día crece más…» (3)
En 1937, bajo la presidencia de Eleazar López Contreras, la arteria que lo atravesaba fue denominada Av Mosquera aunque popularmente era conocida como Av. Los Caobos. También en ese año, el Concejo Municipal cambió el nombre de Parque Sucre a Parque Los Caobos, sin embargo, desde 2020 podemos constatar que oficialmente se está denominando Parque Sucre Los Caobos.
En 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, este espacio fue donado a la Municipalidad del Distrito Federal. Abarcaba entonces unas 22 hectáreas -14 ha. ubicadas en la parroquia El Recreo y 8 ha. en la parroquia La Candelaria-. Actualmente ocupa 17,62 ha. sembradas por cuatro mil árboles.
Originalmente, el parque no contemplaba el desplazamiento peatonal aunque en los planos de Caracas de Razetti (1929) y de Sosa (1936) se aprecian ejes en diagonal que luego servirían para el planteamiento de las rutas peatonales manteniéndose el tránsito automotor en la avenida central (Av Mosquera). El Plan Rotival de 1939 rodeó el parque de vías de acceso automotor que no facilitaban el acceso peatonal. Ese mismo año, el Dr. Henri Pittier realizó un informe en el que denunció el estado de los caobos y otros árboles, gracias al cual se realizaron los primeros trabajos de mantenimiento y cuidados ambientales: embaulamiento de cloacas, limitación de circulación vehicular y reubicación de los árboles dando espacio de dos a cinco metros entre ellos.
También hubo cambios sustanciales en su entrada desde el oeste: se construyó el Museo de Bellas Artes (1935-1938) y el Museo de Ciencias Naturales (1936-1939), ambos proyectados por el Arq. Carlos Raúl Villanueva, y conformando un espacio circular, hoy conocido como Plaza de los Museos.
En 1959, se le encargó al arquitecto uruguayo José Miguel Galia, en el marco del Plan de Parques y Jardines Metropolitanos de Caracas, el proyecto de remodelación del Parque Los Caobos, contando con la colaboración de Susana Kovacs. Entre los aspectos más resaltantes se deben mencionar: la eliminación del paso vehicular por su interior, creación de edificaciones de servicio y fuentes en obra limpia con formas romboidales y geométricas, y se realizaron trabajos de paisajismo. En 1967, fue trasladada la “Fuente Monumental Venezuela” del escultor Ernesto Maragall que se encontraba en Plaza Venezuela desde 1954, al interior del Parque Los Caobos. La labor de Galia y Kovacs concluyó en 1969.
En 1996 se colocaron las rejas y portones diseñados por el arquitecto Miguel Acosta, en todo su perímetro, con el fin de brindar mayor seguridad a los visitantes además de limitar los accesos. Dos años después se fueron sumando algunas esculturas en su interior y, con el proyecto “Museo Ambiental Parque Los Caobos”, se inauguró una exposición permanente de obras escultóricas de artistas contemporáneos, en el sector norte que colinda con la estación del Metro “Colegio de Ingenieros”.
Entre 2005 y 2008 se realizaron trabajos de revitalización que acometieron la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Caracas y el Instituto Metropolitano del Patrimonio Cultural de Caracas, que incluyó el control fitosanitario de las especies vegetales y resiembra de árboles, la restauración de la Fuente Venezuela, las esculturas, los espejos de agua, el pavimento, las caminerías, el sistema de iluminación, los módulos y áreas de servicios, además de colocar parques infantiles y máquinas de ejercitación, nuevas señalizaciones, la construcción de un muro perimetral y el desarrollo del proyecto “Complejo Cultural Lineal y Deportivo”.
Descripción
El parque presenta una entrada principal que se conecta con varias estructuras ubicadas en las cercanías: la Plaza Morelos, el antiguo Ateneo de Caracas (actual sede de UNEARTE) y el Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño, y algunas arterias viales como la Av. México y la Av. Libertador. Esta entrada se aprecia como un espacio circular conocido como Plaza de los Museos, y a cada lado se encuentran los edificios sedes de los Museos de Bellas Artes y de Ciencias Naturales.


También hay una entrada hacia el lado norte que lleva hasta la plaza del ciclista, un parque infantil y el Paseo de la Resistencia Indígena y otra entrada lateral hacia un diminuto estacionamiento, al que se accede desde el Paseo Colón.
Entre cada uno de los museos y la caminería que da acceso al parque, empezamos a apreciar varias esculturas en los jardines y entradas de estos institutos. Algunas de las más antiguas son la escultura en hierro fundido de un perro de caza, del taller de Maurice Denonvilliers que permanece en los jardines y que se encuentra tras las rejas perimetrales del Museo de Ciencias, o las esculturas La Tempestad (1914) y El Dolor (1908) ambas del escultor Lorenzo González, en la entrada del Museo de Bellas Artes.

Ya en el paseo hacia el interior del parque, recibe a los visitantes una estatua de mármol blanco, retrato de “Teresa de la Parra” y obra de la escultora Carmen Cecilia Caballero de Blanch. Se trata de una escultura de bulto redondo, sedente, de una mujer joven y pensativa. Se aprecia la delicadeza de la tela que se adhiere al cuerpo con pliegues sutiles. La escultura pareciera surgir del mármol contrastando la aspereza del material en la base y el acabado del cuerpo de la escritora, recordándonos remotamente las esculturas “La Danaide” de Rodin o “El Desconsuelo” de Josep Llimona. Se eleva sobre una base circular, escalonada y situada en el centro de un espejo de agua lamentablemente descuidado, sucio y carente prácticamente de agua -constante que se apreciará en todas las obras del parque-.

Cercano al jardín de esculturas del Museo de Bellas Artes, se encuentra una pieza vaciada en bronce con pátina verde, conocida como el “Efebo de Marathon”. Fue donada por el Gobierno de la República de Grecia al Concejo Municipal de la Ciudad de Caracas en 1988, como se hace constar en una placa en el pedestal en forma de pirámide truncada sobre el cual se alza. Sus dimensiones son 1,32 x 2,20 x 1,23 m. De autor desconocido, es una copia del original que se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Representa a un hombre joven y desnudo de cuerpo entero, con un marcado contraposto (curva praxiteliana) por lo que se calcula que el original sea de finales del siglo IV a C. Se encuentra en el interior de un espejo de agua, sin agua.
En el Jardín o Museo Ambiental se encuentran un grupo de diez obras de artistas contemporáneos. Algunas están identificadas por pendones que describen sus características.

“Centaura Justina” o “Caballo con Ruedas” es una pieza realizada en concreto y metal, por la artista plástica Gaudi Esté. Sus dimensiones son 3 x 2,80 X 1,50 m y representa la doble naturaleza de este ser mítico que integra al animal (el mundo natural) con las ruedas que aluden a la creación humana (la tecnología), simbolizando también el dinamismo y el paso del tiempo. Se eleva sobre una placa de cemento sobre un jardín bastante seco, casi sin plantas.

“El Elefante Africano Dorado” obra de Andrea Di Giuseppe, está realizado en fibra de vidrio recubierto con mosaico de vidrio color dorado y tiene por dimensiones 3,40 x 2,60 m. Fue donado en 2014 por la empresa italiana Trend Group. Su particular color le imprime no solo una gran vistosidad sino también un brillo que irradia opulencia y prosperidad. Se encuentra en el centro de un espejo de agua. Es una de las piezas mejor conservadas del parque y una de las pocas que tiene el estanque de agua en mejor estado.

“La otra mejilla” o “El pensador” es un vaciado en bronce que representa una cabeza que descansa sobre un pedestal de concreto en el centro de un espejo de agua, cuyas dimensiones son 1,30 x 0,95 x 1,35 m, y es obra del escultor James Mathisson. «El gesto apela a las emociones profundas como homenaje a un fragmento de la poesía de la obra El Hidalgo en “Las Formas del Fuego” de José Antonio Ramos Sucre. “Yo padezco sumergido en la sombra, la ceguedad de una estatua de mármol y su tristeza inmortal”» (4). Los ojos huecos y las ranuras de la cabeza quebrada le otorgan una gran expresividad que se puede interpretar como la inmensa soledad del ser humano. También su espejo de agua permanece seco.

“Ícaro” o “Ángel caído” de Felipe Herrera, obra de técnica mixta realizada en concreto y metal, de 2,63 x 4,80 x 3,20 m, es una escultura de bulto redondo, que representa a un hombre alado, de edad madura, reflexivo y sentado sobre una base cuadrada sostenida por cuatro pilares de base rectangular, a su vez posadas sobre una base de concreto cuadrada. Su expresión es de derrota. Si nos remitimos al mito de Dédalo e Ícaro, este último voló tan alto que la cera derretida que servía de pegamento a las plumas de sus alas, se derritió y cayó al mar a una muerte segura. En la base sobre la que descansa Ícaro se lee: “Un hombre no es un pájaro y debe soportar la ruindad de estar atado a la tierra como un ángel al cielo”. Wilfredo Machado. El ala izquierda está rota (tampoco tiene el brazo izquierdo), pero el de la derecha está intacta, como dándole esperanzas de poder huir.

“En doblez” de Sydia Reyes, es una pieza de grandes dimensiones (5 x 2 x 2,15 m) realizada en metal. Es una figura abstracta, formada por dos cuerpos colocados simétricamente, que parecieran la tapa de una alcantarilla doblada en sí misma y colocada sobre una base de concreto. «Su obra representa la incursión de lo urbano en el parque, expresando este fenómeno en la oposición cultural-naturaleza, como una manera de buscar el equilibrio que necesitamos para vivir en nuestra ciudad. Sydia ha simulado una alcantarilla desproporcionada para señalar la podredumbre y proponer, por vía del arte, un camino para salir de ella. Víctor Guedez nos señala que en definitiva, “Sydia Reyes nos hace nuevamente recordar que el arte no es algo distinto a mirar las cosas de una manera distinta a como generalmente se ven”» (4). Al igual que la pieza de Gaudi Esté, se eleva sobre una placa de cemento sobre un jardín prácticamente seco.

“Vuelo cruzado”, obra de Julio Pacheco Rivas, es un ensamblaje de metal de 3 x 5 x 0,50 m. A simple vista vemos un avión metálico rojo que se sostiene en el aire por un pilote de metal del mismo color que lo atraviesa y en su base presenta unas pequeñas ruedas que lo sostienen sobre un canal que dobla hacia la derecha. Se encuentra en el centro de una serie de módulos de formas geométricas. Por una parte recuerda un juguete, pero también sus formas, angulosas y poliédricas, nos remiten al futurismo y su especial gusto por las máquinas. «Y toma el texto del poemario “De un cielo que me inventaron” de Armando Contreras en 1992:
“Hemos sido mares
para peces encantados
casi inventos de sirena
a veces (sic) cielo de un azul en tránsito (sic)
pero en esta terranía (sic)
donde te haces pájaro
todos somos árbol”» (4).

A Marcos Salazar pertenece la obra “Trompetilla para sordos”, una pieza de bronce de 3,40 x 1,53 x 1,90 m. Esta obra se nos antoja un tanto surrealista y representa una gran oreja unida a una trompetilla (instrumento usado antiguamente para ayudarse a oír mejor, antes de que la tecnología creara los audífonos amplificadores de sonido). El hecho de que la trompetilla no esté colocada hacia afuera para escuchar los sonidos externos, sino hacia adentro, remite al mensaje de escucharnos a nosotros mismos, a nuestra interioridad. «La obra modula el sonido ambiental en dos tonos, que se perciben … desde ambos extremos de la escultura, induciéndonos a acércanos a escuchar nuestra propia música vital» (4).

Un piano de acero con banqueta del mismo material, realizado en 1998, con una estructura de 2,5 m de largo por 1,5 m de ancho, totalmente pintado de negro, con teclas de mármol y granito, la tapa abierta y una placa con la inscripción: “Encuentro apasionado entre Teresa Carreño y Ludwig van Beethoven, en una noche de claro de luna en el Parque Los Caobos y como testigo El Ávila”, es obra de José Campos Biscardi. Se encuentra en uno de los espacios más carentes de vegetación del parque.


Sin embargo, la obra de mayor envergadura y antigüedad es la “Fuente monumental Venezuela» (1953), diseñada por el arquitecto catalán Ernesto Maragall i Noble. La fuente está constituida por una circunferencia de 100 metros, construida por piezas prefabricadas en mortero con una longitud de 1,60 m de ancho y una altura de 0,60 m. En su interior se encuentran cinco figuras alegóricas intercaladas, tres femeninas (Caribe, Ávila -Warairarepano- y Orinoco) y dos masculinas (Llanos y Andes), talladas en piedra artificial, desnudas, sedentes o reclinadas y de tamaño superior al natural (monumentales) con altura de 1,60 m y 3 m de base. Cada una de las esculturas presenta una postura distinta, algunas con las piernas estiradas y otras, flexionadas. Sus cuerpos son musculosos y juveniles, pero no están exactamente en reposo, algunas muestran una gran tensión muscular. Están ubicadas en un anillo de 32 metros de diámetro y en el centro se encuentra una flor con apariencia de bromelia, que posee 22 puntos de salida de agua y cuya cascada alcanza 16 metros de altura. Se aprecia en muy buen estado de preservación, funcionando sus surtidores y causando los juegos de agua esperados.
Valores Patrimoniales
Esta obra de ingeniería urbana, un parque que en pocos meses arribará a su primer centenario, intrínsecamente ya posee un valor patrimonial como una de las tantas construcciones realizadas durante el gobierno del Gral. Juan Vicente Gómez, a principios del siglo XX y coincidiendo con el primer centenario de eventos relacionados con la gesta Libertadora. La serie de obras de reconocidos artistas nacionales contemporáneos, lo convierte también en espacio de bienes patrimoniales de gran valor artístico y cultural.
Ubicación
Parque Los Caobos, Parroquias El Recreo y San Agustín, Municipio Libertador, Caracas.
Por Herminia Gutiérrez.
Fuentes consultadas
ACA. ¿SABÍA USTED… En Fundación Arquitectura y Ciudad, 14 de mayo de 2023 Consultado el 9 de junio de 2025. (2)
Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007. Distrito Capital. Municipio Libertador. La Creación Individual. Instituto del Patrimonio Cultural (PDF), Caracas, 2008. Pág 51-52.
De Plaza Mohedano a Plaza Morelos en menos de una década. En IAM Venezuela, 5 julio de 2024. Consultado el 9 de junio de 2025. (1)
Gómez, Hannia. Desde la memoria urbana: Primera fila En el Blog Desde la Memoria Urbana, 21 de marzo de 2019. Consultado el 10 de junio de 2025. (3)
Historia del Parque Los Caobos. En sitio web de ASUDECAOBOS, S/F. Consultado el 9 de junio de 2025. (4)
HVH/BR/MIP. 77. Parque Los Caobos, 1959-1960. En Guía Caracas / Caracas del valle al mar, S/F. Consultado el 9 de junio de 2025.

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