Cuando tiembla la memoria: patrimonio cultural venezolano tras los terremotos del 24 de junio de 2026

El 24 de junio de 2026, mientras el país conmemoraba la Batalla de Carabobo y se preparaba para las fiestas de San Juan, la tierra volvió a recordarnos su poder. A las 6:04 de la tarde, un sismo de magnitud 7,2 sacudió la costa central del país, con epicentro cerca de San Felipe, en el estado Yaracuy. Apenas 39 segundos después, un segundo movimiento —esta vez de magnitud 7,5, con epicentro al sureste de Yumare— se convirtió en el evento principal de lo que los sismólogos llaman un “doblete sísmico”. En conjunto, el movimiento telúrico se sintió durante casi tres minutos y se percibió en Colombia, Trinidad y Tobago, Aruba, Curazao y el norte de Brasil.

El saldo humano ha sido devastador: hasta el 6 de julio de 2026 se reportaban más de 3.000 personas fallecidas, más de 16.000 heridas, y más de 68.000 desaparecidos, cifras que continúan actualizándose a medida que avanzan las labores de rescate (recuento actualizado aquí). Ciudades enteras —Caracas, La Guaira, Catia La Mar, Caraballeda— registran edificaciones colapsadas o inhabitables. Una réplica ocurrida el 26 de junio agravó los daños en la capital y provocó el colapso del puente que conecta Caraballeda con el resto de La Guaira, complicando aún más las labores de rescate.

Pero además de la tragedia humana, que es y debe seguir siendo la prioridad absoluta, el sismo dejó una herida silenciosa: la de un patrimonio cultural e histórico que Venezuela había custodiado durante generaciones y que hoy enfrenta daños de magnitud aún por determinar.

Un golpe a la memoria construida

Venezuela ya conocía el rostro destructivo de la naturaleza sobre su patrimonio. El terremoto de 1812, ocurrido un Jueves Santo, redujo a escombros buena parte de la Caracas colonial, incluida la iglesia de la Santísima Trinidad, cuyas ruinas serían más tarde la base sobre la que se levantó el actual Panteón Nacional. Esa historia se repite ahora, más de dos siglos después, con edificios que sobrevivieron a guerras, cambios de régimen y al paso del tiempo, pero que no salieron indemnes de este nuevo sismo.

Entre los espacios con mayor valor simbólico afectados se encuentra la Ciudad Universitaria de Caracas, obra maestra de Carlos Raúl Villanueva declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000. Aunque las autoridades y equipos técnicos aún trabajan en el diagnóstico completo de los daños estructurales, su condición de ícono de la arquitectura moderna latinoamericana hace que cualquier afectación sea motivo de particular preocupación para especialistas en conservación dentro y fuera del país.

La Catedral de Caracas también reportó desperfectos visibles, con grietas en el campanario y daños en el interior del templo, uno de los edificios religiosos más antiguos y significativos de la capital.

El inventario de un patrimonio en riesgo

En los días posteriores al sismo, el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) y Fundapatrimonio, junto con el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, desplegaron equipos técnicos para inspeccionar edificaciones históricas en las zonas más afectadas. Aunque el balance definitivo todavía está en construcción, las primeras evaluaciones ya arrojan un panorama preocupante:

  • La Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Nación, el Panteón Nacional, la Galería de Arte Nacional y el Museo de Bellas Artes formaron parte de las primeras inspecciones realizadas en el Distrito Capital.
  • La Iglesia de Nuestra Señora de Las Mercedes y el Museo Arturo Michelena también figuran entre los bienes evaluados.
  • En el Palacio de las Academias, la torre se desplomó, lo que obligó a realizar intervenciones de emergencia. La información fue brindada en una entrevista a Últimas Noticias por Dinora Cruz, presidenta del IPC.
  • En La Guaira, la Escuela de Música Juan Manuel Castellanos sufrió daños severos, mientras que la réplica de El Castillete de Reverón —homenaje al legado del célebre pintor de Macuto— también resultó dañada.
  • No todas las noticias fueron negativas: el Fortín El Vigía se mantuvo en buen estado general y el centro histórico de La Vela de Coro, en el estado Falcón, no sufrió daños severos, salvo algunas viviendas agrietadas, lo que constituye un alivio para uno de los conjuntos coloniales mejor conservados del país.

Este trabajo de inspección se apoya en un sistema de clasificación por colores —rojo, amarillo y verde—, similar al utilizado para evaluar la habitabilidad de viviendas, y ahora adaptado para determinar qué inmuebles patrimoniales pueden ser ocupados, cuáles requieren intervención urgente y cuáles enfrentan riesgo de colapso.

La Guaira: fachadas en pie, ruinas por dentro

El casco histórico de La Guaira ilustra una de las lecciones más engañosas de este sismo: el daño patrimonial no siempre se ve desde la calle. Un recorrido compartido en redes sociales por el medio Runrun.es constató que, aunque las fachadas coloniales parecen haber salido indemnes, al adentrarse en sus calles la realidad es otra: techos, paredes y balcones colapsados en casas centenarias, una imprenta afectada y daños en las ruinas del batallón.

La emblemática Casa Guipuzcoana no presenta daños externos. En cambio, la histórica iglesia Ermita del Carmen —el templo que albergó los restos de Simón Bolívar en 1842, durante su repatriación— sufrió el derrumbe de su parte superior. Se trata de un monumento de gran peso histórico: fue a solicitud de José María Vargas cuando allí se velaron los restos del Libertador al llegar al puerto guaireño. 

Como contraparte simbólica, la estatua de José María Vargas volvió a permanecer intacta, tal como lo hizo durante la tragedia del deslave de 1999. Recordemos que la Ermita fue afectada por el deslave del 15 de diciembre de 1999. Su rehabilitación tardó 23 años y apenas se entregó en 2022.

El mismo reportaje recoge un dato que evidencia la dimensión comunitaria de esta emergencia: según el líder vecinal Alpidio Lovera, fue la comunidad quien costeó el alquiler de una retroexcavadora para retirar escombros y despejar el sector. Los vecinos denuncian, además, que las autoridades aún no han inspeccionado la zona para certificar si las viviendas son habitables o si corren riesgo de derrumbe, una vulnerabilidad que se suma al deterioro de los servicios de agua y de recolección de basura tras los sismos. 

La ciudadanía al rescate: la Ciudad Universitaria no espera

En medio del duelo, ha surgido una respuesta ciudadana que merece registro. Desde los días posteriores al sismo, el Consejo de Preservación y Desarrollo de la UCV (COPRED) coordina una jornada de atención prioritaria a la Ciudad Universitaria de Caracas y a su Colección Síntesis de las Artes Mayores. Se trata de una parte del conjunto de obras que Villanueva integró a la arquitectura del campus y que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

El trabajo de atención al patrimonio de la UCV, documentado en redes sociales por COPRED (@copreducv) y por la cuenta especializada en restauración @restauro__ndelcastillo, reúne a voluntarios de todos los perfiles: docentes, estudiantes, profesionales de la conservación, exfuncionarios del IPC y alumnos de la Escuela de Antropología de la UCV. El método es paciente y riguroso: se documenta y se registra el estado de cada obra, se recolectan las piezas desprendidas y se aplican capas de protección en las zonas con riesgo de colapso. Al momento de escribir esta nota, cinco obras del conjunto habían sido atendidas y el equipo reconoce que aún falta mucho por hacer.

Más allá del avance técnico, estas jornadas dejan una certeza que resume el espíritu de la reconstrucción: cuando el dolor de las pérdidas humanas sea más llevadero, buena parte del patrimonio seguirá en pie gracias a quienes, en medio del duelo, destinaron su esfuerzo a rescatar la memoria de un país, de una ciudad y de una universidad.

Patrimonio religioso

El sismo dejó un severo saldo en el patrimonio religioso e histórico del país: la Iglesia de San José de Cotiza resultó la más golpeada, con cerca de 90% de daños, incluyendo el derrumbe del techo de una nave lateral, vitrales rotos y fracturas en sus ocho columnas centrales; la Basílica de Santa Capilla sufrió graves daños en su sagrario y altar, con alerta por riesgo de colapso en sus cúpulas, mientras que la Iglesia de la Divina Pastora presentó fracturas en su fachada y grietas junto a El Purgatorio, la obra maestra de Cristóbal Rojas que resguarda. En la Iglesia de La Candelaria, el desplome parcial de su cornisa sobre la plaza se sumó al daño de varias imágenes y figuras religiosas en su interior, mientras que en Carabobo la Catedral de Valencia (Nuestra Señora del Socorro) registró grietas en sus dos torres. También se reportaron afectaciones en la Catedral de Caracas (grietas en el campanario), la Iglesia de San Juan (caída de su cruz), la Iglesia de San Judas Tadeo, la Iglesia de Pagüita y el Colegio Divina Pastora, además del colapso de viviendas del siglo XIX en el casco histórico de La Pastora; con daños menores se registraron la Catedral de Guarenas y las iglesias San Juan María Vianney, San Luis Gonzaga, San José del Ávila, Nuestra Señora de la Encarnación, Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Carmen, Madre Cabrini, Jesús Obrero y San José en Chacao

Por qué duele distinto el daño al patrimonio

Cuando un terremoto golpea un país, la reconstrucción de viviendas y vías es, con toda razón, la prioridad inmediata. Pero la experiencia de otros desastres similares —Haití en 2010, México en 2017, L’Aquila en Italia en 2009— enseña que el patrimonio cultural dañado rara vez recibe la misma urgencia, aunque su pérdida sea, en muchos sentidos, irreversible. Un edificio residencial puede reconstruirse con técnicas modernas; una fachada neogótica del siglo XIX, un óleo de Cristóbal Rojas o una talla original no pueden replicarse sin perder parte de su valor histórico y autenticidad.

Venezuela enfrenta este desafío en un contexto ya complicado: años de subinversión en el mantenimiento de edificaciones patrimoniales, escasez de materiales y de personal técnico especializado en restauración, y una crisis económica que dificulta destinar recursos a la conservación cultural cuando las necesidades humanitarias son tan apremiantes. Por eso, iniciativas como la de los voluntarios de la Ciudad Universitaria demuestran que la respuesta no depende únicamente de los recursos del Estado, sino también del recurso humano del país.

Lo que viene

El diagnóstico completo de los daños al patrimonio cultural venezolano tomará semanas o meses. Instituciones como el IPC continúan sus recorridos, y se espera que en las próximas semanas se conozca un balance más detallado sobre el estado de museos, iglesias, archivos y conjuntos históricos en Caracas, La Guaira, Yaracuy, Carabobo y otras regiones afectadas. A ese balance institucional habrá que sumarle el que están construyendo, día a día, las comunidades y los voluntarios.

Para un portal como IAM Venezuela, dedicado a documentar y visibilizar la memoria construida de Venezuela, este momento es también un llamado a la acción: registrar el estado actual de nuestros bienes patrimoniales, apoyar las labores de rescate documental y fotográfico, amplificar las iniciativas ciudadanas de conservación y mantener viva la conversación sobre la importancia de proteger —antes de que la tierra vuelva a temblar— aquello que no tiene reemplazo.

Este artículo se actualizará a medida que las instituciones oficiales publiquen nuevos diagnósticos sobre el estado del patrimonio cultural afectado por los terremotos del 24 de junio de 2026.

Fuentes consultadas: Últimas Noticias, Wikipedia (Terremotos de Venezuela de 2026), Reuters, El Financiero, El Nacional, Runrun.es, @restauro__ndelcastillo y @copreducv.

Fotos: Luis Chacín (archivo IAMVenezuela), Sunsetretro, Herminia Gutiérrez, AIConectarea.

https://www.elnacional.com/2026/06/reportan-danos-en-iglesias-de-caracas-la-guaira-y-valencia-tras-terremotos
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